lunes 2 de noviembre de 2009

Las hay tontas y las que no lo son tanto.



La vida era una mierda. Me encontraba en la tercermundista habitación de un hostal de una calle desolada, por la que pasaban continuamente perroflautas fumándose canutos o yonkis entonando alguna canción folklórica, de esas míticas, que cantaban esas señoras bien vestidas, y, además, lo hacían como el puto culo. No entendía el aprecio a esa música.

No me acordaba qué coño había hecho la noche anterior, pero iba ebrio, y, cuando lo iba, la situación espacio-temporal solía acompañarme como nunca se atrevía a hacer.

Escuché un puto sonido que me hizo despertarme. Abría los ojos lentamente mientras no dejaba de parpadear, y todo gracias a esa luz esclarecedora que no dejaba de dar la murga.

Allí estaba. Mi presa en estado de embriaguez. Se encontraba frente a aquel espejo polvoriento, por lo que yo podía verla de espaldas. Es más, debería sentirme afortunado de ver aquel pelo alisado. Debía sentirme afortunado de tener a la perfección más perfecta a escasos metros de mi recto en alza y mi mente intentando recordar el placer que tuve que pasar al haber tema seguro.

- Hola - dije en un tono pasivo, e inmediatamente pegué un bostezo similar al de un oso -.

Pasaron unos minutos, y me empezaba a impacientar, pero no podía resitirme a ver cómo se peinaba el oro más fino y delicado en la mísera faz del planeta Tierra.

Se dio la vuelta. La reconocí al vuelo. Adoraba esos ojos azules al más puro estilo de un mar cristalino, esos labios carnosos pidiendo afecto y esas tetas tan perfectamente redondas y colocadas.

- Otra vez.

Joder. La amaba, y, además, como nunca lo había hecho. Era mi puto sueño el levantarme y verla ahí, dedicándome su irrechazable e inolvidable sonrisa blanquecina.

Ella venía con la sonrisa de oreja a oreja que la caracterizaba. Quería más, y yo no me pensé dos veces en seguirle el rollo y sumergirnos en ese proceso en el que los dos somos uno, en el que nos importa una mierda todo, y disfrutamos del gozo mutuo.

De verdad, muchas gracias por existir. Ni tú sabes lo que estás haciendo, pero para amarte eres conojuda, y, para olvidar a otras, ni te cuento, porque no te llegan ni a la puta suela de los zapatos.

Te quiero.

sábado 10 de octubre de 2009

A veces...



A veces, te das cuenta, que, por mucho que pase el tiempo, se siguen cometiendo los mismo errores, de una forma completamente involuntaria. En el contexto del amor, sin amor.

Con el irrefutable pasos de los meses, el puto amor sigue jodiendo como Chinaski lo hacía habitualmente en sus parafernalias con las féminas. Es muy difícil vomitar el contenido del alma, ya que es algo muy abstracto. Es muy difícil el querer y no poder. Lo es también cuando el tema no es mutuo.

He vuelto a la rutina escolar, en la que ya llevo malgastados unos 156 meses de mi vida, así, como lo oyes. Porque no es Educación algo que nos manipule y nos haya sentirnos conformes con lo actual, sin que podamos pensar libremente sin entropías de cualquier índole.

Porque me jode coger un libro de Literatura, y que no nos manden obras para contrastar y desarrolar un pensamiento sion influencias de ningún tipo. Porque me jode pillar un libro de Historia y omitan o desarrollen escasamente cosas que son influencias en nuestra historia y que no se molestan en incluir. Porque las Matemáticas me importan una puta mierda, y me las tienen que impartir por huevos. Bueno, y algunas asignatura que no tienen que ver nada conmigo que son de "cultura general". Si culturizarse de una forma "general", es que me tenga que fumar cada vez más soplapolleces del Big-Bang o las teorías científicas, quiero ser un analfabeto al que le guste escribir sobre él y su imaginación.

El caso es que he vuelto a ver a mi princesa, después de tres meses en la más profunda oscuridad, en la que salieron a veces rayos de sol en la senda hacia tu castillo, pero desaparecieron sin explicación coherente alguna.

No sabes valorar(me). No sabes que gracias a ti abrí este antro con olor a melancólico y bohemio, en el que tú penetrabas en él por medio de mis dedos, que necesitaban de un bolígrafo y un papel para plasmarlo ahí. No sabes que soy más inteligente y culto que todos tus amiguitos pijos de mierda juntos. No sabes que actuaría con lo de abajo para practicar el sexo más intenso y diverso cada día. No sabes que por ti haría cualquier cosa que tú me pidieras.

La situación está mal, pero siempre quedará un atisbo de esperanza con el que poder llegar porpulsado a tu fortín impenetrable en la quincuagésimo novena planta.

Me encantas. Me encanta esa carita de ángel que pide una mirada que no se despegue de ti, o esa sonrisa que esbozas, que haría de perfecto paisaje en el olimpo de las diosas griegas. Qué decir de eso que peta el vaquero, que pilla una forma arqueada y es tan deseable como lo pueda ser un millón de caricias tuyas.

Ya van ocho meses cayendo en esa red en la que quiero quedarme atrapado hasta destapar todo lo que quiero saber, y que no tienes cojones de decirme. No sé pero creo que la insistencia nos llevará a algo muy semejante a nuestros deseos.

Quiéreme, porque yo te quiero. Ámame, porque también lo hago.

jueves 24 de septiembre de 2009

Miedo al rechazo.



"Repudio recordar aquellos momentos. Ésos, en los que, existe el rechazo como bandera. Tengo miedo al rechazo. Más todavía, si hablamos del rechazo sentimental, lo que vulgarmente se conoce como que "te den calabazas".

Creas que no, es duro asimilarlo. Es triste. Un mal trago que no le deseo a nadie. A veces, te haces el duro con un rostro de falsa pasividad. Otras cuantas, te recreas en el dolor más profundo sin que nadie te pueda expulsar de esas arenas movedizas".

Antonio escribía diariamente en aquella remota isla perdida entre los más diversos mares de Internet. Tenía miedo al rechazo. Estaba claro, que todo venía de atrás...

...

- Hola, Carmen.

- ¡Buenas, Ant!

Estaban allí. En una terraza-pub como otra cualquiera, donde hippies, heavys y progres se reunían para fumar la mejor maría que rulaba por la ciudad.

Carmen era ella misma. Tal vez, fuera lo que más me molaba de ella. No se enmarcaba en ningún grupo social. Se llevaba de puta madre con toda la fauna que se hallaba por el lugar.

Siempre se sentaba en la mesa de la esquina izquierda. Tenía vistas al río, en el que se podía apreciar un bello contraste entre la oscuridad de la noche y la luz a medio gas que proporcionaban las farolas.

- Eh, verás, Carmen, tú y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo...

- Sí...

Me levanté, para que entráramos en calor. Era necesario.

- Camarera, un par de los de siempre. Que vayan cargaditos.

- Marchando.

Volví al sitio mágico. La esquina izquierda del antro.

- Vamos, relájate. La noche es larga, y, si se acaba, el cielo estará claro y los pájaros cantarán para alegrarnos el día.

- Sin duda.

- Bueno, ¿qué tal?

- Harta de la puta monotonía de la vida.

- La vida... siempre tan monótona y asquerosa... Voy a mear. Ahora vuelvo.

- ¡Procura hacerlo dentro, cerdo! - dijo entre risas -.

No tenía ganas de mear. Sólo iba a retocarme únicamente delante del espejo. Estaba hecho un puto pijaldres con tanto mariconeo, pero la ocasión lo merecía. Había llegado el momento.

- Verás, Carmen - le pillé la mano cariñosamente - . Tengo la cura a tu pesada monotonía.

- Escucho impaciente.

- Vente a mi apartamento. Nos divertiremos.

- ¿SERÁS...? ERES UN CABRÓN, ¿SABES? ¿QUÉ HA SIGNIFICADO TODO ESTE TIEMPO DE "AMISTAD"? ¿CURRÁRTELO PARA FOLLARME, POR SI COLABA? ¡TE PUEDES IR POR DONDE HAS VENIDO, CABRÓN, QUE AHORA SÉ LO QUE QUERÍAS DE UN PRIMER MOMENTO!

Me levanté. Maldito amor incomprendido e incorrespondido. Maldita las putas ganas del destino de que ella no me entienda. Esta sería una de las veces en las que enmascararía el rechazo haciéndome el duro. No me quedaba otra si quería salir con orgullo y sin que unas largas lágrimas recorrieran lentamente el río de la tristeza y la melancolía.

- Mira, cacho de zorra insensata. Te conozco desde hace mucho, y quiero que sepas que me encantas. Me he enamorado de ti, y creo que te lo he demostrado indirectamente, en este tiempo, con creces. Me hace sentir ridículo que no te hayas dado cuenta. Además, te propongo una solución factible para dinamizar tu puta vida de mierda, ¿y te irritas como una puta monja que en su vida ha sufrido el amor en sus carnes? Por cierto, pagaré las bebidas, pero no te atrevas a volver a dirigirme la palabra en tu mísera y triste vida. ¿Te queda claro?

Mandé las copas al carajo cinco metros al menos arrojándolas con la mano. Me fui. Le dejé las cosas muy claritas. Más que el agua.

Quién sabe, a lo mejor lo mío es tirarme a las verdaderas zorras, esas que tienen tema con cualquiera. Pero no. Creo que me merezco algo muchísimo mejor. Alguna pija consentida con dos ó tres años menos que yo, por ejemplo.

Miedo al rechazo.

lunes 14 de septiembre de 2009

Impecable...



Estábamos en aquella pestosa habitación. Aquella, en la que, en pleno Paseo de La Castellana, destacaba entre las demás. En la ventana ponía mi bandera pseudorevindicativa, con la que la peña que la viera no se pensaría dos veces quemarla, pero me la sudaba tanto...

Interiormente, eran las típicas cuatro paredes de un quinceañero. Qué coño esperabas, zorra. Una pocilga estándar. Tenía cada esquina asignada a algo que me resultara interesante. En una, tenía un mueble con la mierda literaria más selecta, entre la que destacaba "Ecce Hommo" de Nietzsche, "1984" de George Orwell o "Un Mundo Feliz" de Aldous Huxley. Siempre se colaban entre esos inmaculados escritos la bazofia "best-selleriana" que no merece la pena. Ojo, que una gran parte merece la pena. Junto a ello, tenía mi vitrina musical, donde también estaban la mierda que me molaba a los doce. Estaba perfectamente adornada con discos de Nach, Violadores del Verso, Joaquín Sabina, Rafael Lechowsky y algún que otro más que merecen ser visibles a cualquier que le mate la curiosidad por escuchar música de la no-comercial.

Aunque, sí, el rincón que más me molaba era aquel donde podía leer, escuchar música, escribir, reflexionar, llorar y reír... Era mi escritorio. Aquel que me había acompañado desde la infancia. Donde se encontraba aquella computadora de 1996, que la actualizaba continuamente para adaptarme a lo nuevo. Aquel sucio teclado estaba intacto desde el día que se compró ese aparato, y estaba adecuado a ese duro tacto con el que se le debía de dar a las teclas...

Cuando traía a las tías a mí piso, - rara vez se producía - no les dejaba pasar a mi habitación. Era mi territorio, era un antro en el que sólo podría entrar la tía que fuera la idónea para hacerlo bajo mi punto de vista. No era suficiente que estuviera buena, ni que fuera una zorra que se acostara a la noche siguiente. Es más, me la follaría en el sofá. Era la bandera de mi personalidad, el reflejo de mi forma de vida, y una manifestación artística, irónicamente hablando.

Me temo que llegó la primera noche de que fuéramos dos en el antro. Me temo que tuve a la tía más perfecta sobre la faz de la Tierra durante ocho horas, más o menos.

- Mmm... Bonita habitación.

- Gracias, C. Que sepas que aquí no entra cualquiera, sólo las personas que lo merecen.

- ¿Debo sentirme importante?

- Jajaja. Sí, date por satisfecha.

Entró y se mostró sorprendida. Le fascinaba aquel asqueroso desorden y la cultura que se encontraba en cada esquina de aquel rincón.

- Nach, sí. Mola.

- Demasiado.

- ¡Oh, mira! ¡Si es un libro de Nietzsche!

- Demasiado también. Oye, ¿no te mata la curiosidad de saber por qué te he dejado entrar aquí?

- Sí, por supuesto.

- Pues mira, principalmente, por tres cosas: porque estás buena, porque te conozco desde hace tiempo y siempre me has molado.

La llevé lentamente a la cama, deshecha en aquel momento. Total, qué coño importaba. Iba a mojar con la pava perfecta. Le quité los vaqueros que llevaba, y ella prosiguió quitándose la camiseta y el sujetador. Esperé. A apreciar su belleza, digna de una diosa griega.

- Me rindo ante ti.

Yo hice lo propio. Me quedé en bolas, llevado por la emoción de saber que estaba en frente de ella, C.

Lo siguiente, es demasiado obvio como para repetirlo una y otra vez.

Fin.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Criticando a la TV: Telebasura.



A día de hoy, se me antoja poquísimo ver la caja tonta. Cuando decimos "caja tonta", nos referimos a ese aparato rectangular, que últimamente se vende de plasma y con 'HD', y que es el negocio más asqueroso de los últimos tiempos.

Ya no la veo, porque se está manipulando la televisión como algo con fines de desinformación, marujeo y un porno indirecto. Porque, a pesar de mi juventud, pienso en los que están en una mala situación: los padres que dejan a sus hijos frente a esa víbora.

Porque si la pones por la mañana, verás cotilleo. Por la tarde, también. Y, por la noche, más de lo mismo. Cotilleo veinticuatro horas.

Para hacer un descansillo, y deleitaros con algo interesante, tomad esto:

http://www.youtube.com/watch?v=J3SQKkEBAEI

Es patético, porque, ¿qué coño me importa a mí tu vida privada? ¿con quién salgas, con quién entres? ¿quién te cepilles, quién rechaces? ¿acaso no entiendes qué significa "privada?

El caso es que eres tan irrespetuoso que vendes tu intimidad por dinero, que no tienes dignidad ni respeto por las personas que queremos información sobre lo que verdaderamente importa.

Más seriedad, más humildad y más respeto, en definitiva.

Hay mucha fauna para elegir, desde la verdulera con su verborrea aclamada por el ignorante público hasta la tía que va a encontrar el amor. Qué bonito, ¿no? No creo que todo el amor fluya entre los musculitos y las pavas de 90-60-90.

Verdulera de mierda. Hija de puta. Que para ti también tengo, cacho de zorra. Que no eres más que una analfabeta de mierda que se aprovecha del momento y ganar más pasta que el tío que se lo curra y que debería estar mandándote a la mierda con su titulación.

Pero, ¿sabéis dónde está? En la cola del paro, a ver si le sale algo, intentando que le prolonguen el subsidio por desempleo mientras que la hija de puta está cobrando cada tarde por ser una verdulera.

Aquí podemos ver la clase de "periodista" que impera hoy día:

http://www.youtube.com/watch?v=JLWF6UDSWHI

También tenemos a la perfección que busca el amor, según se dice, claro. Pero van más a por el protagonismo...

http://www.youtube.com/watch?v=kwlxSF_V298&feature=related

No podía terminar esta crítica sin potar encima de aquellos que van a la televisión para contar "los problemas delante de toda España". Viva la discrección. Viva el no-protagonismo. Y el no-egocentrismo.

http://www.youtube.com/watch?v=QXkayp_ja8g

Subnormales e ignorantes aquellos que simpatizan con esta mierda que se está cargando el periodismo y la información.

Ojalá os muráis pronto.

viernes 4 de septiembre de 2009

Punto de inflexión.



Me parece que mi vida ha llegado al punto de inflexión, como en el mismísimo título queda reflejado. No sé, punto de inflexión en muchos factores, que cambiarán a peor, y a mejor.

No sé qué hacer para encontrar algo que me motive, que me divierta. Todo me aburre, joder. Nada es interesante. Nada me sacia ni nada me da las ganas de vivir que poseía.

Me hacen falta ganas, y no sé cómo recuperarlas.

Necesito música, películas... o yo qué sé...

domingo 23 de agosto de 2009

Undescriptible.



Acabo de llegar del campamento de los huevos.

Llego más melancólico que Sabina componiendo a las cuatro de la mañana, o que un pájaro que no canta falto de ese algo que sabe que quién sabe si volverá, y, si lo hace, será dentro de demasiado tiempo.

Cagüenlaputa. Me has enamorado como nunca. Joder. Eres muy inteligente, aunque tu apariencia lo oculte. Sí, cuando me refiero a apariencia es la vestimenta exterior, tus cuarenta y dos pulseritas en cada brazo conjuntada con tus gafas de aviador que llevan ahora los progres.

Qué manera de conjuntarte. Quién fue el inútil que dijo que lo de fuera no dejaba de ser importante, porque sé amar tu belleza demasiado mal en proporción a ti. Mierda. Maldita seas.

Qué melena rubia parecida al oro. Qué sonrisa tan deslumbrante. Qué piernas de infarto, tan extensas y tan finas. Qué trasero más apetecible para penetrarlo al amanecer. O a la madrugada, qué coño.

Con el tiempo se aprenden que hay cosas que son imposibles, fuere por lo que fuere. Tú eres imposible, y eso cuesta aceptarlo. Tú te crees que algún día llegará tu príncipe azul. Sí, hombre, ese ojos azules, rubio y de uno noventa con los abdominales marcados.

Que no, coño. Que como mucho encontrarás a un muerto de hambre que se pegue a ti por el puto dinero. Te la meterá y encima mamará de tu pasta. De impotencia va la cosa, al saber de qué va.

Sí, a veces soy demasiado egocéntrico, pero, joder, hay pocos tíos inteligentes, coherentes y con la cabeza medio asentada con quince años.

A tomar por culo.

Espero volverte a ver algún día, y metértela también, cónstese.